jueves, 27 de mayo de 2010

De primera mano

Desde que era pequeño, a Rogelio le gustaba mucho saber sobre el narco. Los muertos, las balaceras, los enfrentamientos… Creció en un barrio lleno de “coyotes” y “halcones”. Los que se dedican a cruzar indocumentados por el Bravo y los que hacen labores de vigilancia para “los malos”.

Esos eran sus camaradas. Tenía más. Algunos más decentes, pero para saber de todo lo que pasaba en el rancho, nomás esos eran los buenos. Por eso se juntaba con ellos, no mucho, nomás lo suficiente para que le contaran cosas. Cosas no muy complicadas, cosas de esas que todos saben, pero que nadie las cuenta mejor que los que están bien metidos. A Rogelio le gustaba saber de primera mano.

Nunca se metió a eso porque le tenía más miedo a los regaños de su mamá que a morirse de un balazo. Pero en el fondo, siempre quiso entrarle.

Con muchos esfuerzos, Rogelio consiguió un buen trabajo, formó una familia y hasta le quedaban ánimos para hacer planes. Ampliar su casa, comprar un terreno, poner un negocio…

El viernes pasado lo encontraron muerto junto con otros tres a la orilla del río. Tenía las manos atadas en la espalda, cinta gris en la boca y los ojos, y un tiro seco en medio de la frente.

Dicen se lo llevaron por error cuando andaba con los otros tres. Que esos sí eran “halcones” y habían quedado mal con alguien. Rogelio nomás estaba con ellos, enterándose de las nuevas noticias del narco. Alguien ahorita, está contando su historia.

1 comentario:

SäN dijo...

mi mamá siempre me advirtio que pensara bien con quien me junto... eso pasa