martes, 27 de octubre de 2009

El bello arte de fingir



Hoy la Sub 17 le volvió a ganar a Brasil. Hace 4 años, la “generación dorada” venció a la verdeamarelha en el Mundial de la categoría por un contundente 3-0. Hoy, los chamacos necesitaron sólo un gol para vencer a sus rivales y seguir en la contienda.

Los que saben de futbol probablemente vieron un partido accidentado y con poco orden. Pelotazos de un lado y de otro… pero lo que más me llamó la atención fueron los jugadores que recibieron faltas.

Acostumbrados como estamos a ver al jugador revolcarse en el pasto luego de recibir un pequeño empujón, con el rostro desfigurado por el “dolor”, y con un ojo fijo en el árbitro a la espera de que saque la tarjeta, ver a estos muchachos caer y levantarse sin el teatro de cajón, para mi es un respiro. Creo que se llama “inexperiencia”.

Nunca antes me pareció tan chila la inexperiencia. Tan refrescante y tan honesta.

No sé si a los que ven el futbol, pero a mi me saca el tapón ver a la “víctima” de una falta tirado en el piso dando vueltas como perro adiestrado, con una expresión en el rostro que nos hace suponer que el “victimario” tiene un oculto manual de torturas y que, cuando parecía que sólo había sido un empujón, realmente lo que hizo el infeliz fue clavarle un palillo debajo de las uñas o inyectarle salsa tabasco en los ojos. Pero como la televisión está amañada, pues nosotros no lo vimos y el pobre jugador en el piso parece un ridículo actor de carpa… pero no! Es un ser que sufre por el ataque y la incomprensión. Pobre.

Hace días se dio a conocer un estudio en el que se explicaba que existen señales claras para detectar a un jugador que finge una falta para impresionar al árbitro (más claro que verlos levantarse tan frescos y aliviados en cuanto le sacan la tarjeta al otro, no creo).

El informe, elaborado por un experto en sicología, asegura que levantar ambos brazos con las palmas de las manos abiertas es una clara señal, pues según el sicologo este, cualquier persona caería con los brazos hacia abajo, en un intento instintivo por amortiguar el golpe o para buscar el equilibrio.

Otra clave sería los pasos, totalmente controlados, que da el “actor” después del impacto de la presunta falta y justo antes de caerse. Como si en vez de empujón le hubieran dado un shot de vodka y tajín o dar una vuelta extra al caer al suelo.

La bronca es que los jugadores aprenden a fingir durante el proceso de su carrera. Aprenden a tirarse al piso o golpear al rival sin ser vistos, a levantar las manos señalando culpables desde antes de la falta, a hacer su ridículo teatro, a engañar para luego, tan campantes, ir a cobrar su cheque. Y todavía hay quienes los hacen ídolos y llenan su cuarto de fotos. Chale.

2 comentarios:

SäN dijo...

Asi es el "buen" futbol...

Hsh: dijo...

Lo peor es eso: que los ‘enseñan’ a hacerlo...